En el universo efímero, delirante y posmoderno de las sonoridades de la urbe caleña, plagado de dimensiones desconocidas entre sus ghettos estéticos, bandas que nacen, mutan y se desintegran, públicos radicales, inadaptados, contestatarios, carnavalescos e introspectivos, seguramente los acordes intimistas, impetuosos y orgiásticos que brotan de la guitarra de Frank Sánchez García tendrán un lugar especial en la memoria sonora y sicotrópica de Cali.

Sus primeros escarceos con el pentagrama los impulsa el mítico barrio Salomia, punto de origen del linaje artístico de su familia, donde el sonidero de la salsa, el jazz, el currulao, el rock n' roll y el pop con leyendas como El Cuco Petronio, Michael Jackson, The Lebron Brothers y The Beatles perturbaron sanamente sus oídos. A los 5 años ingresó al coro de su escuela, a los 9 comenzó a estudiar piano y guitarra, y a los 15 decidió indagar más la guitarra, iniciando clases con el maestro Valdiri.

Después la carrera de música en la Universidad del Valle. Un cóctel sonoro alimenta su camino y el virtuosismo en la ejecución del instrumento, que podemos apreciar en canciones que llevamos disfrutando desde hace más de 10 años, en agrupaciones como Toño Barrio, Ancestros, Zalama Crew, Ruda Jazz Trío Ensamble, Tripping Point, Bliss and Soul, Magnetic Tape y, actualmente, Boga.

El barrio Salomia sigue siendo su guarida emocional, y el surfing musical lo ha llevado a festivales nacionales como Rock al Parque, Bandola, Mono Núñez, Ajazzgo y Petronio Álvarez, e internacionales como Generiq (Francia), GrassRoots en Miami y el South by Southwest Film and Music en Austin, Texas.