Desde su niñez en el barrio Andrés Sanín, una cofradía de espíritus telúricos que habitan el puente de Juanchito y el río Cauca lo convocaron a la lúdica del pentagrama musical de la Calicalentura.

El llamado al viaje por los colores del sonido fue inobjetable, y la música lo ha llevado a explorar múltiples sonoridades, compartiendo saberes con agrupaciones de folklore afropacífico como Bahía, experimentales como La Tribu Perdida, y de cumbia espacial y sabor afrolatino como Onda Trópica, entre otros proyectos que le permitieron conocer el país y cruzar mares.

Desde hace más de 10 años, junto a otros músicos y estudiantes de su laboratorio de percusión, creó Residuo Sólido, que no ha parado de presentarse en escenarios como el Petronio Álvarez, Ajazzgo y la Fiesta de la Música, con un objetivo ecológico claro: reivindicar el uso de objetos no convencionales y reciclados para sugerir otros tiempos musicales selváticos, urbanos y psicotropicales.