Imagínate un planeta gigantesco llamado salsa neoyorkina setentera, y alrededor lo orbitan unas lunas que son el funk de James Brown y Maceo Parker, el raggamuffin de Wayne Smith, de Yellowman y el hip hop y el songo de los Van Van. Ese planeta está gobernado por Celia Cruz, Tito Puente, Tito Rodríguez y Rubén Valdez. Ese planeta tiene un núcleo incandescente que se llama mamá África, y su fuerza de gravedad es tan potente que logra atraer a una ciudad donde por la mañana se escuchan las chicharras, los grillos, y por la tarde se calma el calor y da una brisa increíble. Una ciudad donde uno se va de rumba, a oír salsa pesada, y termina en Juanchito hasta el amanecer. Esa ciudad se llama Cali, que es como un sancocho al cual lo cocina El Callegüeso.Jacobo Vélez
Querida especie melómana, en este preciso momento en que usted es seducido por este proyecto multimedia, los venenos sonoros de la break salsa de "La Mamba Negra" siguen mordiendo con sabrosura las caderas de miles de almas en el pentagrama musical. Les presentamos a Jacobo Vélez —alter ego de "El Callegüeso"—, compositor, vocalista, arreglista, director y gestor de una cofradía de músicos e investigadores de la cultura caleña, que con un performance inspirado en la cosmogonía yoruba, son capaces de poner a bailar al diablo sin que éste se enoje en el trópico salpicón.
Flash back
Oiga mi gente del litoral afromestizo: les cuento que un martes santo del 2012 me encontré con Jacobo Vélez, el Callegüeso, en el backstage callejero de un concierto de "Manu Chao y La Ventura" en la colonial plaza Bolívar de Bogotá. Hablamos del poder sonoro de "Sergent García", el alucinante legado de "Mano Negra" para la escena alterlatina, y de las tristezas que fagocitan el mundo por la escasez de los recursos naturales por la minería ilegal, mientras el señor Esperanza junto a los Mamos aborígenes de la Sierra Nevada, en la tarima, nos invitaban a permanecer en estado de resistencia cultural.
Andaba bastante pensativo y en pleno trance creativo el saxofonista y clarinetista caleño que conocí en los corrinches de la calle del pecado durante el Festival Petronio Álvarez. Con un aura febril que dibujaba su rostro, me contaba que deseaba retornar a su patria cinéfila para aletear al trópico salsero con una picante propuesta de artes narrativas, "La Mambanegra", que maquinaba en su mente desde el 2008, y cuya conspiración con la periodista Julia Díaz tendría su primera aparición en la clausura del Festival Iberoamericano de Teatro.
Autorretrato / Voz en off
Cuentan los que recuerdan el futuro que yo soy un polizón y un traficante de recuerdos… ya no sé quién soy, solo sé que tengo que recuperar mi flauta, esa arma mágica que me hace recobrar la memoria cada vez que la hago sonar; forjada en Senegal y bautizada por un antiguo Jeli con el nombre del animal más peligroso de África, La Mambanegra. El mismo nombre que le di a mi orquesta cuando llegué ilegalmente a Nueva York en los años cuarenta, venía de la Habana, escondido como polizón en un carguero japonés. Esa flauta me la regaló el legendario Chano Pozo, allá en un solar de la Habana vieja, donde se reunían los mejores a tocar guaguancó.
A mí me dicen el Callegüeso porque cerca del puerto de la Habana, un babalao me rescató antes de morir ahogado en el mar y me puso ese nombre después de haber sido golpeado y lanzado al agua por los furiosos tripulantes de un trasatlántico donde ingresé como polizón en el puerto de Buenaventura. Cuando desperté, luego de desmayarme, el Malembe —como le decían a mi salvador— me dijo que tuvo que hacer un pacto con la muerte pa' que no me llevara, pero como volví a nacer, me bautizó: El Callegüeso.
La razón de ese apodo es que contiene la clave de las virtudes que me transmitió: me contó que "Calle" es mi primer nombre porque me otorgó los poderes del barrio, el ají picante, la rumba, la clave y el guaguancó, y el segundo nombre "Güeso" tiene que ver directamente con el fin de mi vida. Según él, soy yo quien decide acercarse a la muerte cuando me quiera largar de este mundo.Tomás Rentería, abuelo de Jacobo Vélez
La mala maña en la sultana del ritmo
Cali, hogar de Buziraco. 2017. Han pasado más de cinco años de aquella fría y telúrica noche, muchas sobredosis de verbenas y destrampes de Petronio por sus venas, y El Callegüeso sigue agitando el pentagrama con su proyecto musical afrolatino en clave narrativa transmedia, con múltiples formatos gráficos y audiovisuales que mezclan la ficción y la no ficción, donde ellos son los cronistas sonoros y médiums de otras voces. Su primer trabajo, "El Callegüeso y su mala maña" (considerado por la crítica entre los 5 mejores discos del 2015), celebra la memoria y la historia cultural de su bisabuelo, Tomás Rentería, un hombre que acredita aventuras como polizón, náufrago y flautista en el tridente afrodiaspórico de Cali, Cuba y Nueva York.
Son 10 canciones, 10 historias circulares, surreales y cotidianas donde La Mambanegra abraza a los ancestros y ofrece recetas para sobrevivir a la calle. El disco cuenta con la colaboración de artistas como el pianista Eddy Martínez, la trompetista holandesa Maite Hontele y el timbalero Wilson Viveros, entre otros, que cocinan en la misma paila los sonidos setenteros de Nueva York con dosis de jazz, hip hop, funk y el aderezo de la rebel music jamaiquina como el raggamuffin y el dance hall.
La Mambanegra está estructurada con un formato particular, basado en una orquesta de salsa. En vez de tener bongó y timbal, tiene batería que reemplaza a los dos instrumentos, incluyendo en sus partes un timbal y dos campanas; el bombo tiene un micrófono especial que convierte el sonido acústico en un sonido electrónico, de esta manera se pueden escoger sonidos que evocan al house. Además tiene las congas, el bajo, el piano, la guitarra eléctrica, el saxofón barítono, el trombón y la trompeta —esta última también utiliza un sistema digital que le suma un sonido más, como si fueran dos trompetas—. Para completar la estructura tenemos una corista femenina, un corista masculino que toca el güiro, y yo, que soy el cantante que asume el papel de El Callegüeso, evocando el apodo de mi bisabuelo y su energía de rumbero.Jacobo Vélez
Polaroid onírica
Jacobo Vélez es un amante de la escritura y la invención de historias, con un talento genuino por la narración oral, visual y musical. Siente que Cali no tiene una música tradicional, sino un romance infinito con la cepa universal de la salsa, y hay que responder a su esencia, que es la mezcla. Entre los proyectos recientes de su banda: el video homenaje a "Taxi Driver" con el videoclip "El sabor de la guayaba", un sencillo homenaje a Buenaventura ("Somos más"), otro sobre San Basilio de Palenque ("Ojos Antiguos") y el nacimiento de su primer vinilo de 7 pulgadas, financiado colectivamente.
"En Cali está pasando algo", dice sobre el renacimiento de la urbe festiva como epicentro cultural, "porque es un lugar idóneo para cocinar música, tiene historias en cada esquina, aquí está la materia prima". Y sobre su ritual antes de subir al escenario: "El personaje Callegüeso está basado en una deidad llamada Changó. Hay cosas que no te puedo contar, pero me baño, me echo yerbas, me paro frente al espejo, y lo último que me pongo es el sombrero. En ese momento ya no soy yo. Todos deberíamos poder conseguirnos una Mambanegra que nos devuelva la memoria, para saber de dónde venimos y para dónde vamos."
Bonus track
La Mambanegra es posiblemente la orquesta más atípica de la salsa. De hecho, cuesta encontrar en la historia de este género musical del Caribe urbano una formación que aúne relato, folclor, beats y puesta en escena como esta. Rubén Blades, quizás, sea un referente especial, pero solo hasta cierto punto.José Arteaga, Radio Gladys Palmera, 2015